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DOCUMENTO 1290 CARTA DE BOLÍVAR A MAXWELL HYSLOP, FECHADA EN KINGSTON EL 19 DE MAYO DE 1815, CON EL INFORME DE LOS ÚLTIMOS ACONTECIMIENTOS EN LA NUEVA GRANADA Y LA SITUACIÓN EN ESE MOMENTO DE LA LUCHA POR LA IN­DEPENDENCIA*

Kingston, 19 de mayo de 1815. Al señor Maxwell Hyslop.

Muy señor mío:

Tengo el honor de dirigir a V. la ligera relación de los últimos sucesos de la Nueva Granada [1]] y del estado actual de la Costa Firme. No me lisonjeo de tener la exactitud que requiere la im­portancia de los conocimientos [2]], que V. se ha servido pedirme para la ilustración de sus negociaciones privadas. Después de la nueva subyugación de Venezuela por nuestros enemigos los españoles, yo pasé a la Nueva Granada a ponerme a la cabeza de una división de tropas venezolanas que marchó a la capital de Santafé [3]], por disposición del Congreso [4]], a reducirla al orden constitucional, del cual se había separado Cundinamarca [5]] En aquella provincia mi pequeña división recibió un grande au­mento de hombres, vestidos y dinero. Fui destinado con este cuerpo a tomar en Cartagena [6]] armas y municiones suficientes para libertar a Santa Marta [7]] y Venezuela. Por una desgracia frecuente en las revoluciones, en Cartagena existían dos partidos, el uno moderado e indiferente, el otro era exaltado contra los españoles realistas. El primero triunfó del segundo, porque el general de las tropas [8]] sitió a la ciudad y destruyó a los que se titulan patriotas, por excelencia. Mientras tanto yo fui nombrado capitán general de los ejércitos de la Nueva Granada y vine a Cartagena a tomar el mando de las fuerzas militares. El General Castillo [9]], que se hallaba a la cabeza de estas fuerzas, sin desconocer la autoridad del gobierno y la mía, se denegó a cumplir con su deber como subalterno, y no permitió que yo tomase posesión de la plaza, de las armas y del ejército de Cartagena. La causa de esta rebelión fue el justo temor que tuvo de ser juzgado regularmente por su conducta subversiva en el ani­quilamiento del partido liberal de Cartagena. En esta situación yo agoté los medios de conciliación para evitar la guerra civil, como se verá por los documentos auténticos que publicaré en justifica­ción de mis operaciones. Dolorosamente la guerra civil tuvo lugar, y las tropas de mi mando se acercaron a Cartagena con el objeto real de hacer ceder a los facciosos que se sostenían tenazmente, adheridos a sus criminales e impolíticas negativas. Previendo yo que los enemigos [10]] emplearían sus fuerzas en ocu­par la provincia de Cartagena, a tiempo que nuestras hostilidades intestinas les presentaban la oportunidad de hacerlo impunemente; previendo yo, digo, este caso, propuse a la ciudad de Cartagena abandonar el sitio para marchar contra los enemigos aun sin los auxilios más indispensables para la guerra. La respuesta final, des­pués de más de cuarenta días fue, en substancia, que no solamente no se nos auxiliaría jamás, sino que se nos hostilizaría siempre. Entonces yo conocí que nuestra situación se hacía cada vez [11]] más peligrosa por el cúmulo de circunstancias que nos rodeaban y, en consecuencia, me determiné a resignar el mando, a fin de evitar que la plaza de Cartagena cooperase con los enemigos contra nos­otros, y, por el contrario, se sirviese de mis tropas para su propia defensa, porque era inevitable la caída de aquella ciudad en manos de los españoles, si yo persistía más tiempo en la pretensión de hacerla entrar en su deber. Esta desgracia habría arrastrado tras sí otras muchas, y así yo preferí abandonar un país, en que siempre había servido con utilidad pública, y en el cual mi existencia, por el momento, habría sido una causa inmediata de nuevos disturbios. Por otra parte, el estado de la Nueva Granada y Venezuela no me presentaba esperanzas fundadas de triunfos, y me hacía temer mucho, sucesos que deshonrarían nuestras armas y sacrificarían al país, sucesos que me serían después atribuidos, sin que tuviese en ellos más parte que la de ser la primera víctima.

Venezuela ocupada por las armas españolas pone a la Nueva Granada en la necesidad de defender una línea de más de cuatro­cientas leguas por aquella parte; por consecuencia, sus tropas debe­rían ser relativas a su extensión; pero no es así: la Nueva Granada sólo mantiene seis mil hombres que, esparcidos en sus fronteras, son imperceptibles. En la Provincia de Pamplona [12]] guarnecen a Cúcuta [13]] mil hombres; en la de Popayán [14]] mil y seiscientos; en [15]] Cartagena dos mil y quinientos, y quinientos en la capital de Santafé. Con estas tropas no se puede ni aun imaginar la defensa de tan vastas posesiones.

Los españoles de Venezuela habían destinado contra las pro­vincias limítrofes de Casanare [16]] y Pamplona cinco o seis mil hombres, con el objeto de internarse hasta Santafé por el Sur, y ponerse en comunicación por el Norte con Santa Marta; estas operaciones [17]] han sido suspendidas, sin duda, por la esperanza de ejecutarlas de un modo cierto y estable con el ejército que acaba de llegar de España a la Costa-Firme [18]] bajo las órdenes del general Morillo [19]]. Ya nuestros enemigos poseen la capital de Casanare [20] provincia granadina; poseen el río del Magdalena [21]] porque se han apoderado de ambas riberas y de las cañoneras que man­tenían expedita la comunicación y el comercio en la Nueva Granada. Reforzadas las tropas españolas de Venezuela y las de Santa Marta por cuatro o cinco mil hombres del general Morillo, es indubitable que restablecen el gobierno español desde las bocas del Orinoco [22]] hasta el reino de Quito [23]], que ellos también poseen, con fuerzas suficientes para ponerse en comunicación con las tropas españolas del Perú [24]] y obrar de concierto contra las de Buenos Aires [25]] que deben haber suspendido el curso de sus operaciones activas, temiendo el arribo de la expedición del general Morillo que se decía ser destinada contra el Río de la Plata.

En mi opinión, si el general Morillo obra con acierto y cele­ridad, la restauración del gobierno español en la América del Sur, parece infalible. Esta expedición española puede aumentarse, en lugar de disminuirse, en sus propias marchas. Ya se dice que en Venezuela han tomado tres mil hombres del país. Si no es cierto, es muy fácil, porque los pueblos, acostumbrados al antiguo do­minio, obedecen sin repugnancia a estos tiranos inhumanos. Es verdad que el clima disminuirá las tropas europeas [26]] pero el país les dará reemplazos con ventajas; pues no debemos alucinarnos: la opinión de la América no está aún [27]] bien fijada, y aunque los seres que piensan son todos independientes, la masa general ignora todavía sus derechos y desconoce sus intereses.

Ya es tiempo, señor, y quizás ya es el último período en que la Inglaterra puede y debe tomar parte en la suerte de este inmenso hemisferio, que va a sucumbir, o a exterminarse, si una nación poderosa no le presta su apoyo, para sostenerlo en el desprendi­miento en que se halla precipitado por su propia masa, por las vicisitudes de Europa y por las leyes eternas de la naturaleza.

¡Quizás un ligero socorro en la presente crisis bastaría para im­pedir que la América meridional no sufra devastaciones crueles y pérdidas enormes! ¡quizás cuando la Inglaterra pretenda volver la vista hacia la América, no la encontrará!

El comercio británico ha perdido en Venezuela siete millones de pesos anuales, a que montaban sus producciones en los tiem­pos más calamitosos. Ahora parece que volverá a ser privada la Inglaterra del comercio de la Nueva Granada, que ella ha hecho exclusivamente, y cuya exportación es en oro y en sumas muy considerables, de que no he podido adquirir conocimientos [28]] exac­tos, por el efecto de las circunstancias turbulentas; pero la pérdida incalculable que va a hacer la Gran Bretaña consiste en todo el continente meridional de la América, que, protegida por sus armas y comercio, extraería de su seno, en el corto espacio de sólo diez años, más metales preciosos que los que circulan en el universo. Los montes de la Nueva Granada son de oro y de plata; un corto número de mineralogistas explotarían más minas que bs del Perú y Nueva España. ¡Qué inmensas esperanzas presenta esta pequeña parte del Nuevo Mundo a la industria británica! No hablaré de las otras regiones que sólo esperan la libertad para recibir en su seno a los europeos continentales, y formar de la América en pocos años otra Europa con lo que la Inglaterra, aumentando su peso en la balanza política, disminuye rápidamente el de sus enemigos, que indirecta e inevitablemente vendrán aquí a hacer refluir sobre la Inglaterra una preponderancia mercantil y un aumento de fuerzas militares capaces de mantener el Coloso que abraza todas las partes del mundo.

Ventajas tan excesivas pueden ser obtenidas por los más débiles medios: veinte o treinta mil fusiles, un millón de libras esterlinas; quince o veinte buques de guerra; municiones, algunos agentes y los voluntarios militares que quieran seguir las banderas americanas; he aquí cuanto se necesita para dar la libertad a la mitad del mundo y poner al universo en equilibrio. La Costa Firme se salvaría con seis u ocho mil fusiles, municio­nes correspondientes y quinientos mil duros [29]] para pagar los pri­meros meses de la campaña. Con estos socorros pone a cubierto el resto de la América del Sur y al mismo tiempo se puede entregar al gobierno británico las provincias de Panamá [30]] y Nicaragua [31]] para que forme de estos países el centro del comercio del universo por medio de la apertura de canales, que, rompiendo los diques de uno y otro mar, acerque las distancias más remotas y haga perma­nente el imperio de la Inglaterra sobre el comercio.

He dicho ligeramente lo que me ha parecido convenir por ahora al comercio de la nación a que V. tiene el honor de pertenecer, y aunque hubiera deseado extenderme sobre las cosas más impor­tantes a nuestros respectivos países, no he juzgado oportuno hacerlo hasta que las circunstancias no mejoren la causa americana.

Acepte V. los testimonios de más alta consideración y respeto de su obediente servidor.

SIMÓN BOLÍVAR.

* Archivo del Libertador, Vol. 45, folios 26-27. De una copia de letra del General Daniel F. O’Leary, que lleva al pie la siguiente mención: "Copied from the original / D.F. O’L[eary]". Sobre el destinatario, Maxwell Hyslop (1783-1857) y su hermano Wellwood Hyslop (1780-1845), co­merciantes británicos de Jamaica que ayudaron al Libertador, véase la nota principal del Doc. N° 73, en la Correspondencia Personal. Cuando el Liber­tador escribía esta carta, hacía pocos días que se hallaba en Kingston, centro de la isla británica de Jamaica, adonde había llegado el 13 de mayo por la noche a bordo del buque de guerra británico "La Decouverte". Es de creer que desembarcaría el día siguiente, 14 de mayo.

Notas

[1] [Las Provincias Unidas de la Nueva Granada, hoy República de Colombia.

[2] [O’Leary escribió primero "acontecimiento" y luego se enmendó la palabra con tinta más fuerte, sin que pueda precisarse si la enmienda es del propio O’Leary o de otra persona. Se lee: "conocimientos".

[3] [Santafé de Bogotá, hoy Bogotá, capital de la República de Colombia. Era en esa época la sede del Gobierno de las Provincias Unidas de la Nueva Granada. Véase la nota 1 del Doc. N° 937, en la Correspondencia Oficial.

[4] [Alude al Congreso de las Provincias Unidas de la Nueva Granada,reunido para la época a la cual se refiere Bolívar (noviembre de 1814) en la ciudad de Tunja.

[5] [Cundinamarca. Sobre esta antigua Provincia de la Nueva Granada, véase la nota 1 del Doc. N° 933, en la Correspondencia Oficial.

[6] [Cartagena. Sobre esta ciudad de la antigua Nueva Granada (hoy Co­lombia), véase la nota 4 del Doc. N° 565, en la Correspondencia Oficial, y la nota 2 del Doc. N° 926, en la Correspondencia Oficial.

[7] [.Santa Marta. Véase, sobre esta ciudad, la nota 13 del Doc. N° 111,en la Correspondencia Oficial.

[8] [Se refiere aquí, y más abajo, al Brigadier Manuel del Castillo y Rada, sobre quien puede consultarse la nota principal del Doc. N° 118, en la Correspondencia Oficial.

[9] [Manuel del Castillo y Rada citado en la nota precedente.

[10] [Aquí se refiere a los realistas.

[11] [O’Leary escribió primero "día" y luego tachó esta palabra y la sus­tituyó entre líneas por "vez".

[12] [Pamplona. Provincia de la antigua Nueva Granada, hoy Colombia.

[13] [Sobre esta población, véase la nota 6 del Doc. N° 128, en la Correspondencia Oficial.

[14] [Popayán. Ciudad de la antigua Nueva Granada (Colombia), capital entonces de la Provincia de igual nombre, hoy departamento del Cauca.

[15] [Tachado "la de".

[16] [Casanare. Sobre esta antigua Provincia de la Nueva Granada puedeconsultarse la nota 13 del Doc. N° 193, en la Correspondencia Oficial.

[17] [Escribió primeramente "provincias" y luego lo tachó, e interlineó como aparece.

[18] [Sinónimo, aquí, y en general, de Venezuela.

[19] [El militar español Pablo Morillo (1778-1837) nacido en Fuente-secas (Zamora), quien se distinguió combatiendo por la independencia de su patria, durante la invasión francesa a España, entre 1808 y 1814. En 1815, con el grado de General en Jefe, condujo a Venezuela un lucido ejército expedicionario, a la cabeza del cual dominó a las Provincias libres de la Nueva Granada en 1815-1816. A partir de 1817, y hasta 1820, hubo de luchar contra el Libertador en Venezuela, con varia fortuna, vencedor unas veces, otras vencido, pero siempre digno contendor de su rival en el campo de batalla. A fines de 1820, luego de haber firmado con el Libertador los Tratados de Armisticio y de Regularización de la guerra y de haberse entrevistado ambos en Santa Ana, el General Morillo entregó el mando del Ejército Español al General Miguel de La Torre y regresó a la Península, en donde ocupó importantes cargos dentro de la jerarquía militar española. Murió en Francia, adonde había viajado en busca de alivio para su decaída salud.

[20] [La población de Pore.],

[21] [Sobre el río Magdalena, véase la nota 1 del Doc. N° 565, en la Correspondencia Oficial.

[22] [Una de las mayores vías fluviales de América del Sur, el Orinoco nace en territorio de la Guayana venezolana y luego de recorrer una gran porción del Sur y el Este del país, vierte sus aguas en el Atlántico frente a la isla de Trinidad. Su longitud total es de unos 2.150 Kms.

[23] [La ciudad de Quito y el territorio de su Audiencia o Reino, hoy República del Ecuador.

[24] [El entonces Virreinato del Perú, hoy República del mismo nombre.

[25] [Más que a la ciudad de Buenos Aires, capital de la actual República Argentina, el Libertador se refiere aquí a las entonces llamadas Provincias del Río de la Plata, identificándolas con la más importante de ellas.

[26] [Escrito por el propio O’Leary sobre la palabra "españoles" que puso primero.

[27] [Primero decía: "aún no está..

[28] [Escribió primero "noticias", que tachó después y sustituyó por "conocimientos" entre líneas.

[29] [Equivale a "pesos fuertes".

[30] [Se refiere al istmo de Panamá (hoy República de Panamá), que era entonces una Provincia del Imperio español dominada aún por las fuerzas realistas.

[31] [Nicaragua. Región de la América Central, hoy República de ese nombre. Era, entonces, una de las Provincias que componían el Reino de Guatemala, sujeto al dominio español.

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