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DOCUMENTO 4887. CARTA DE BOLÍVAR PARA SANTANDER, FECHADA EN OCAÑA EL 13 DE SEPTIEMBRE DE 1820, COMUNICÁNDOLE VA­RIAS IMPORTANTES NOTICIAS RELACIONADAS CON LA MAR­CHA DE LOS ASUNTOS, TANTO MILITARES Y POLÍTICOS COMO PARTICULARES.*

Ocaña, 13 de setiembre de 1820.

A S.E. el general F. de P. Santander.

Mi querido general:

He sabido por Trigos que la muía baya mía que dejé a Vd. en Bogotá la tiene un tal Alaya en la mesa de Juan Díaz. Si es así, hága­mela Vd. recoger y cuidar infinito. La muía de Manrique no sirve ni para cargarle pasto a mi baya, así no hay cambio absolutamente de dicha muía. Por lo mismo, yo no he mandado que se la entreguen.

Contesto de oficio cuanto he encontrado atrasado en sus comunicaciones de Vd., no sé si algo se ha olvidado, aunque hemos exa­minado atentamente cuanto Vd. ha consultado. Si algo ocurre qué proponer o qué repetir hágalo Vd. a Cúcuta donde estaré algunos días, dándole dirección a nuestras tropas, las que verdaderamente no sé dónde meter para que vivan con salud sin arruinar a Cundinamarca. Estoy bien determinado a sacar 4.000 hombres; pero no sé aún cuáles serán: si son las veteranos vamos a perder una mitad inútilmente y si son los reclutas van a morir inútilmente. De ningún modo conviene emprender grandes operaciones mientras que hay vehementes esperanzas de concluir la paz en este verano próximo: porque si sufrimos una derrota los enemigos se animan y también los facciosos y a la vez vamos a sufrir trastornos internos y superio­ridad externa. Creo que debemos solamente emprender y empeñar las operaciones en el Norte de Cundinamarca y en Quito, dejando para el próximo invierno realizar a Caracas, si la paz no la entrega. Este es mi plan definitivo y para alcanzarlo me desvelo noche y día meditando sobre los medios que debo emplear para ello.

Dejando 2.000 veteranos en Cundinamarca tenemos siempre asegurado este país en todo evento. Llevando 2.000 hombres a Mérida y Trujillo se ocupan con seguridad aquellas miserables provincias; pero las tropas van a padecer muchas escaseces, porque no hay abso­lutamente ganados que darles por aquella parte, y siempre tenemos que mandar a los Llanos 1.500 hombres por lo menos, para que vivan unos días y mueran después. De contado le mandaré a Vd. tres cuadros de batallones para que se destinen a Mariquita, Neiva y Antioquia. Con todo este mal arreglo tiene Vd. que mantener 3 o 4.000 hombres en Cundinamarca, sin contar el Magdalena, y además las tropas que sacamos van a padecer infinitas pérdidas inú­tilmente. Todo con el fin de conseguir la paz sin arriesgar la suerte de Colombia. Todo bien pesado, encuentro que vamos a sufrir me­noscabos infaliblemente; pero que vamos a asegurar nuestra suerte.

Ya sabrá Vd. que los esclavos de Antioquia han quedado reducidos a 200; que la columna de Briceño ha dejado 600 enfermos en el Socorro; que más de la mitad de las tropas han enfermado o muerto en el Magdalena; y que yo no hallo lugar saludable para las tropas de Cundinamarca; pues que, en todas partes, perecen de un modo espantoso y terrible, lo mismo que en los llanos de Apure.

Medite Vd. sobre todo lo que llevo dicho, y escríbame volando a Cúcuta su opinión, que de mucho puede servirme en medio de la confusión de ideas que tengo sobre los medios efectivos de preservar la república de un evento adverso, y las tropas de las enfermedades.

Montilla tiene orden de mandar a Vd. cuantas armas pueda en las direcciones de Antioquia y Honda.

Morales [1] tiene orden de irse a presentar en juicio a Bogotá: es una lástima que un hombre que ha servido tan bien al ejército se haya conducido tan mal en su gobierno: yo me alegrara mucho que se justificara de los cargos que le hacen por su honor y por el del gobierno que lo ha empleado. Confesaré francamente que nunca creí que Morales hiciese tales locuras, ni que sirviera tan bien a la república, a lo menos en la parte que ha estado en contacto con el ejército, que es de lo que yo tengo un conocimiento real.

Mande Vd. al Sur cuantas armas y pertrechos quiera Valdés, para que salga de la inacción en que está: mucho me intereso por el ejército del Sur, y aún más de que tome a Quito antes de concluirse la paz.

Inste por que vayan de Antioquia los veinticuatro mil pesos para comprar los dos mil fusiles, que deben estar en Barranquilla para cuando Vd. reciba esta carta. Si no hágalo Vd. como le parezca mejor, porque los fusiles deben llegar y pagarse, y yo no tengo idea de que vengan de otra parte fiados, ni de otro modo. Los que llegan a Angostura no quieren venderlos porque no hay con qué pagarlos, me escriben Roscio y Soublette.

Mucho he encarecido a Montilla y a Lara la libertad de la costa hacia Maracaibo. Haga Vd. otro tanto para que se logre. El mando de estas operaciones como las del Sur quedan a las órdenes inmediatas de Vd. Urdaneta mandará las del Norte con los ocho batallones que están ahora a sus órdenes, inmediatamente dependiente de mí, que no me alejaré mucho de Cúcuta en ninguna dirección.

Mucho me han molestado las intrigas de los legisladores, y mucho más me confirmo en la imposibilidad que hay entre nosotros de mantener el equilibrio. Será un milagro si salvamos siquiera el pellejo de esta revolución. Yo estoy resuelto a separarme del mando el mismo día que se instale el congreso de Colombia: estoy tan resuelto, que pienso no asistir a él, para que no me fuercen a aceptar mi deshonor y mi ruina; pues que, con los hombres que tenemos, es muy difícil que un magistrado escape de uno de estos dos esco­llos, y aun de entrambos. Si aún no estamos en paz aceptaré el mando del ejército del Sur. Si estamos en paz, me voy a los países extranjeros. Todo esto es irrevocable; sí, irrevocable, y dígalo Vd. así a todos los diputados de Cundinamarca para que piensen en nuevo presidente. Si a mí me admiten en el congreso, doy a Vd. mi voto, porque es la expresión de mi conciencia, y estoy conven­cido de que ninguno otro lo hará mejor. El señor Zea no sirve para estas cosas. Roscio es un Catón muy prematuro en una repú­blica en que no hay ni leyes ni costumbres romanas. Los demás no los he experimentado. Soublette ha empezado, faltando a su deber, abandonando el poder ejecutivo inconstitucionalmente.

Adiós, mi querido general.

BOLÍVAR.

* De un impreso moderno. Simón Bolívar, "Obras Completas", tomo I, págs. 494-496.

Notas

[1] Debe tratarse del General Antonio Morales Galavís, héroe neogranadino, quien fue Gobernador y Comandante de Armas de El Socorro. Debió haber justificado su conducta, puesto que en noviembre de 1821 fue en comisión al Sur para dar a conocer el convenio de Armisticio celebrado en Santa Ana de Trujillo.